Italia: a propósito de la revuelta siciliana de los “forconi”

La deuda de ciudadanía

La reciente revuelta siciliana de los forconi1ofrece todos los elementos para reflexionar sobre la crisis, enriquecida con elementos de análisis materialista, producidos en la dimensión social y productiva, y política, es decir, sobre el papel que la acción subjetiva puede generar en términos de respuesta colectiva.

También en el acontecimiento de los forconi hay aspectos generales y recurrentes que son determinados: desde Cerdeña a Catania, desde el nordeste a la provincia toscana, emiliana, marchigiana, la composición del trabajo que explota es la del pequeño productor o propietario de los medios de producción para la provisión de bienes de primera necesidad, tales como la agricultura o la pesca, o para la prestación de servicios, principalmente transportistas. Los NIFs y las cooperativas, las pequeñas empresas familiares de menos de 15 empleados, las asociaciones comerciales, son al mismo tiempo formas de organización del trabajo, lobbies para la contratación en el mercado y sindicatos para la negociación con el gobierno, al menos en tres dimensiones: regional, nacional y europeo. Este tipo de composición del trabajo, que llamaremos agrícola y autónoma de primera generación, ha percibido rápidamente todas las tensiones de la crisis sistémica: la privatización de bienes y servicios, si antes confería algún poder contractual al sector privado, al suministrar subsidiariamente lo que el estado ya no garantizaba como derecho, se ha transformado en campo de pura competencia a escala global, sin mediación alguna, desapareciendo el propio concepto de subsidiariedad.

El estado de bienestar, los servicios públicos, el control de la producción alimentaria a favor de una calidad social garantizada a los ciudadanos, han pasado de ser derechos a transformarse en bienes escasos, y el mercado ha tomado el papel de toda regulación “política” del sistema. Las que podían ser vistas como potentes “corporaciones” de los pequeños productores, se han convertido hoy en tribus que luchan por sobrevivir. Los pescadores, los transportistas sicilianos, los pastores sardos, los pequeños emprendedores del nordeste, son hoy el ejemplo más evidente de la nueva figura antropológica que está en la base de la nueva era de la crisis: l’homo indebitatus. Más allá del concepto de precariedad, que habiendo devenido general y generalizado resulta hoy casi genérico, es ya utilizado como categoría espiritual más que material, el hombre endeudado es el primer eslabón social, la primera piedra, sobre la que se funda la sociedad de la deuda, nuestra forma contemporánea de pueblo.

El estado-nación ya no parece definido por la lengua, por las gentes y las fronteras, sino por el coeficiente de deuda impreso en cada uno de sus ciudadanos desde su nacimiento. La “deuda de ciudadanía” es la medida común de pertenencia, y es una marca de “culpa”, no de oportunidad. Desde la deuda de ciudadanía, que sirve para definir las características de subordinación al mercado y al sistema del capitalismo financiero que constituyen la “religión” como decía Benjamin, se procede a la adquisición subjetiva de una deuda desigual, estratificante y cosida a cada uno de nosotros. La diferencia entre los dos tipos de deuda es que la primera es decidida políticamente por el Estado y es el producto de la negociación global y especulativa sobre la deuda soberana, y tiene como consecuencia un verdadero y auténtico déficit de políticas públicas, de derechos sociales, de justicia y de igualdad. Cuánto más alta sea la deuda de ciudadanía, menor será la calidad de la vida pública y de la democracia. El segundo se traduce más bien como la acumulación subjetiva de deuda y se trasforma rápidamente en pobreza.

Es la historia también de Sicilia, donde las incautaciones de Equitalia2 son iguales o peores que en otros lugares. El hombre endeudado consume a crédito y vive a plazos. Desde el punto de vista sistémico, los transportistas, ni siquiera pueden disfrutar de las reducciones sobre los impuestos de los carburantes, alimentadas con los fondos regionales, o del apoyo a la pesca y la agricultura: los fondos europeos que se venían utilizando a tal fin, han sido utilizados en otros lugares, provocando la revuelta. Luego las tribus tienen sus leyes y tradiciones: sabemos que el transporte de mercancías está controlado por la Cosa Nostra. Que Forza Nuova, como sucedió en la reivindicación de las cuotas lecheras del norte, trata de legitimarse avivando el fuego de la protesta, es un hecho concreto que es necesario tener en cuenta sin sorpresa ninguna. La resistencia a los procesos de empobrecimiento social y de la crisis, tiene como primer resultado empujar hacia el cierre, la autodefensa corporativa, étnica, excluyente, y no conduce ciertamente de manera lineal hacia el sol del porvenir. La cuestión es siempre la de una visión del mundo alternativa que proponer. Cuando no existe un camino y todo se resuelve en la rabia, o en la reivindicación pacata de las tribus de pertenencia, la peor derecha, xenófoba, racista, fundamentalista, está en su terreno.

Sin embargo las condiciones sociales generadas por las políticas de crisis no se pueden esquivar. ¿Qué significa entonces construir lo común en estas condiciones? ¿Cuál es la alternativa a la sociedad de la deuda y las tribus? Hoy Sicilia nos habla dramáticamente al borde del precipicio desde el que nos vemos obligados a mirar el horizonte. Pero no hay otro camino que el de enfrentarse a la realidad: debemos ocuparnos de lo que sucede a nuestro alrededor no porque las “luchas” siempre estén bien, sino porque podría llevarnos hacia algo peor, en esta etapa que contienen la justa indignación. No hay otra salida que inventar nuevos paradigmas de igualdad y de justicia social, que no surgen de ninguna teoría abstracta, sino de rediseñar continuamente el territorio y las relaciones sociales que lo inervan, en lo local que es siempre, y al mismo tiempo, global, en medio de un mar de contradicciones donde nada es previsible o lineal. Por tanto la subjetividad, la de la alternativa de lo común, comienza no haciéndose fáciles ilusiones sobre la objetiva respuesta social a la crisis. La contradicción es el precipicio sobre el que debemos caminar.

Es por esto que queremos pensar sobre los forconi y sobre otros en términos complejos y contradictorios. Queremos pensar honestamente sobre la crisis, sobre las respuestas sociales que se contraponen, abandonando la superficialidad. Como primer acto concreto de una esperanza que sepa ya practicar el cambio.

 

Publicado originalmente en Global Project, 22/01/2012,

http://www.globalproject.info/it/in_movimento/Il-debito-di-cittadinanza/10567

1 César Pérez Navarro, “Sicilia bloqueada por protestas ciudadanas que empiezan a extenderse por toda Italia”,Rebelión, 24/01/2012, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=143514

 

2 Equitalia es la sociedad pública italiana encargada de la recaudación tributaria.

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